INTRODUCCIÓN

Historia e intriga como universos de referencia. Y sus condimentos: las luchas, los sentimientos, el afán de poder, las bajas pasiones, los relatos épicos  son unas constantes en el ser humano trasladables a cualquier época. No mutan. Lo que cambian son  los escenarios, las mentalidades, las comunidades, las  emociones, los ideales… 

La combinación de ambos géneros -histórico y negro, o viceversa- contribuye a que los lectores valoren  que este tipo de novelas, sin descender a los  relatos  históricos, introduzcan una alta dosis de fundamentos reales, creíbles, adentrándose también en el factor humano, sus circunstancias y el momento. Una manera, en definitiva, de adentrarse en la historia, entreteniendo y también invitando a la reflexión sobre posibles abusos y acciones impropias de los protagonistas.

La novela negra, en boca de Vázquez Montalbán, era la poética de los conflictos sociales. Para Lorenzo Silva, se trata de una forma de conocimiento de las sociedades contemporáneas. Un género que cumple la función de escrutar la realidad que nos rodea.   Una manera de tomar conciencia y de profundizar en los grises de la sociedad. De reflejar con realismo un tiempo concreto de nuestro tiempo.

Una novela histórica es, en esencia, una narración ambientada en el pasado. Pero ese pasado puede ser más o menos remoto o reciente: el periodo greco-romano, la expansión musulmana, la época medieval, la Europa de las  grandes guerras, la caída del Muro de Berlín o la Transición, por citar algunos ejemplos.  Lo único importante es que la recreación histórica sea fidedigna y la narración verosímil.

Quien  rompió moldes y cerró la boca a la crítica más mojigata fue Umberto Eco con «El nombre de la rosa».

Y es que  escritores de la talla de Umberto Eco, Lindsey Davis o Philip Kerr hicieron posible que el género negro e histórico se complementen y ennoblezcan, algo que para algunos siempre resultó ser un cáliz difícil de beber. Obras como “El nombre de la rosa”, “Trilogía berlinesa” o “Némesis” son un buen ejemplo de esa acertada mezcla literaria, cada día más demandada por los lectores.

Como referente más próximo, tenemos al académico Arturo Pérez-Reverte,  primero en «El tango de la Guardia Vieja» y después en «Falcó», adentrándose con indudable éxito en esa bicefalia de la novela  negra e histórica.

Ben Pastor, pseudónimo de Verbena Volpi Pastor, una de las autoras que rubrican la importancia de un género que ha despertado, en los últimos tiempos,  muchísimo  interés tanto entre autores como en editores, subraya su valor: “A través de una novela negra, la historia llega a muchas más personas. La novela negra es un caballo de Troya, sirve para que la gente absorba conocimientos históricos sin casi darse cuenta”.

Una mezcla  exitosa de dos géneros que han convivido en armonía tradicionalmente, seguramente porque ambos comparten elementos comunes como el suspense y la acción.